Quién soy
Soy periodista, editor, corrector, escritor fantasma, y desde hace varios años me dedico a escuchar vidas, transformar recuerdos en libros y narrar lo que a veces nunca se dijo en voz alta.
Mi papá olvidó el nombre y me inscribió como Jaime. Así empezó mi identidad fluida.
Nací el día que asesinaron al canciller Orlando Letelier en Washington, mientras mi mamá tenía contracciones viendo Columbo. Me gusta pensar que toda buena historia merece un magnicidio y una serie de culto de fondo.
Mi cuna fue Temuco: húmeda, fría, católica y en plena Araucanía. Hice kínder dos veces. En el primero, me di cuenta de que me gustaba el Claudio y también supe que ser diferente podía doler. Aprendí a ser "piola": el arte de no incomodar. Fui alumno ejemplar, hijo ejemplar. Me especialicé en omitir.
Estudié periodismo porque me gustaban las historias; terminé años metido en comunicación corporativa, donde el Excel es casi religión. Reencaminé mis pasos hacia el mundo editorial y, casi sin darme cuenta, empezaron a llegar las biografías.
Ahí descubrí que cada vida es un universo propio.
El inmigrante que lo apostó todo y levantó una empresa. El niño de 14 años que su padre dejó en la Estación Central de Santiago. La mujer que lleva más años dializándose en Chile. Abuelos que quieren que sus nietos conozcan al joven que alguna vez fueron. Padres que escriben cada día una carta para una hija que recién las leerá cuando cumpla 18.
Con los años afiné el método, el oído y el respeto. Aprendí a escuchar: tengo paciencia para las digresiones y para los silencios raros, sé preguntar sin invadir y juntar recuerdos dispersos hasta que se vuelven un relato con sentido.
No tengo jefes ni domingos de angustia. Una criatura ronroneante dormida en mis piernas me recuerda todos los días lo fundamental y me mantiene en la silla escribiendo vidas: un oficio que asumo como una gran responsabilidad y un extraño privilegio.
Mientras tanto, mi pelo se va llenando de canas que me regalan autoridad. La vida, aun así, me sigue pareciendo igual de absurda y poética.
A veces converso con el retrato de mis padres. A veces les canto, a veces grito sus nombres. Y elijo creer que, en algún lugar, me escuchan.
Escribo para no morirme sin haber contado quién fui y para que otros no dejen su historia bajo llave, sino abierta, disponible para los que vienen.
Ahora que ya me conoces un poco, quiero conocer tu historia: la real, no la perfecta. ¿Te atreves a contarla?
La real, no la perfecta. Estoy aquí para escucharte.
Quiero contar mi historiaMás que un sitio, esta es una sala de espera para los recuerdos que insisten en quedarse.
© 2026 Jaime Troncoso · jaimetroncoso.cl
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