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Corregir vs. editar

qué necesitas realmente para tu texto

Escribir, redactar, revisar, corregir, editar, publicar, imprimir… parecen sinónimos, pero no lo son. Aquí te cuento las diferencias y te ayudo a identificar qué profesional necesitas en cada caso.

Tres situaciones muy comunes

Imagina estas situaciones.

Una persona escribe un texto y necesita el ojo de un perito para corregir errores gramaticales y sintácticos; por ejemplo, para revisar una memoria corporativa.

Un cocinero sueña con un libro de recetas, pero sus destrezas textuales no son las mejores. Tiene buenas recetas y mucho conocimiento, pero necesita a alguien que lo ayude a convertir todo eso en un libro claro, atractivo y fácil de seguir para sus lectores.

Un psicólogo ya tiene todo el contenido base escrito, pero no sabe cómo darle forma: cómo dividirlo en capítulos, qué información dejar y cuál quitar, si necesita una introducción o si sería mejor que alguien más presente y recomiende su trabajo.

En todos estos casos puede intervenir un redactor, un corrector o un editor. A veces será la misma persona, pero con tareas muy distintas.

Editor

Editar significa analizar en profundidad lo redactado por otra persona y seleccionar, reordenar o quitar elementos según los objetivos del autor y del proyecto. Aquí entran en juego la cultura general, la capacidad de análisis, la actualidad y, sobre todo, la toma de decisiones.

Los cambios que propone un editor no alteran la intención ni la voz del autor; buscan hacer más preciso y efectivo el mensaje. El editor es un profesional con conocimientos de redacción, edición y diseño editorial, que dirige el desarrollo del proyecto hasta su entrada a imprenta.

Se ocupa también de aspectos que no son de su directa autoría, como la diagramación o la producción de fotografías e ilustraciones. Coordina la labor de todos los que participan en el proceso, cuida los tiempos y la calidad e incluso puede involucrarse en tareas de impresión, distribución o promoción.

“Otros” editores

También existen los editores en el sentido clásico: quienes dirigen una editorial, definen un catálogo y buscan nuevos talentos. Ese perfil se aparta un poco de esta clasificación, porque aquí nos centramos en la parte más ejecutora y operativa de la edición.

Corrector de estilo

El corrector de estilo revisa el manuscrito línea a línea para quitar redundancias, ajustar la puntuación y aportar más fluidez. Busca errores gramaticales, ortográficos, de sintaxis, sesgos o lenguaje discriminatorio y problemas de información faltante. En la práctica, suele ser el primer gran corrector (y lector) del texto.

Entre sus habilidades especiales destacan la cultura general, la memoria, el “oído” para la lengua, el gusto y el tino para sugerir cambios sin borrar la voz del autor.

Corrector ortotipográfico

La corrección de estilo no es lo mismo que la corrección ortotipográfica. En la ortotipografía se aplican reglas de estética y grafía: es decir, se revisa cómo se ve y se compone el texto ya diagramado.

En esta etapa se corrigen (o vuelven a corregir) errores ortográficos y de puntuación, palabras mal partidas, viudas y huérfanas (líneas sueltas al inicio o al final de página), jerarquía de títulos y estilos bibliográficos, entre otros aspectos. También se unifican sangrías, mayúsculas y minúsculas, abreviaturas, cifras, magnitudes, símbolos, cursivas, comillas, negritas, versales y notas al pie.

Corrector de pruebas

El corrector de pruebas busca, por última vez, errores de coherencia, estilo y gramática cuando el manuscrito ya ha sido compuesto y está en sus pruebas preliminares. Lee las páginas impresas (o sus PDF) tal como aparecerán en la publicación final.

Las destrezas clave aquí son memoria y agudeza visual, inteligencia espacial, rapidez y, como en todas las áreas editoriales, dominio de la lengua y cultura general. Entre los errores más habituales están palabras mal escritas, signos de puntuación sin cerrar, palabras repetidas, cambios tipográficos erróneos (altas por bajas, cursivas por redondas) y tipografía inadecuada.

Como es el último eslabón de la cadena, y considerando el costo de modificar un texto ya compuesto, se corrigen los errores más evidentes y se dejan pasar pequeñas inconsistencias que no afectan el sentido.

Redactor

El mundo de la redacción es otro universo. La redacción es un servicio en el que un escritor produce un texto que firmará otra persona y por el cual no recibirá regalías, más allá del pago acordado. Puede tratarse de un libro, un artículo o cualquier pieza de comunicación.

A veces solo existe la idea de libro o artículo y hay que empezar desde cero. En el ámbito literario hablamos de escritor fantasma, muy habitual en el caso de celebridades. En el mundo corporativo, el rol de redactor es muy demandado: se buscan textos claros, concisos, estructurados, amigables y visuales, que informen sin cansar ni aburrir.

¿De qué tipo de contenidos hablamos? Folletos, catálogos, manuales, memorias, tesis, presentaciones, informes, guiones y, sobre todo, el contenido del sitio web corporativo y del blog institucional. A diferencia de los textos literarios, los empresariales o institucionales se leen en tiempos acotados, compiten con muchos otros estímulos y deben ser fáciles de procesar y recordar a corto plazo.

Recapitulando

  • Necesitas a un editor cuando tienes un proyecto de libro (u obra compleja) y requieres a un experto que se haga cargo del proceso completo, desde la estructura hasta la coordinación de la producción.
  • Necesitas a un corrector de estilo cuando el manuscrito ya está escrito y quieres que alguien lo pula para alcanzar mejor tus objetivos comunicativos.
  • Necesitas a un corrector ortotipográfico cuando el texto está diagramado y quieres eliminar errores gramaticales y de puntuación, además de unificar criterios gráficos.
  • Necesitas a un corrector de pruebas cuando ya has pasado por las etapas anteriores y un especialista revisa globalmente la publicación en imprenta o en sus pruebas finales.
  • Necesitas a un redactor cuando tienes el conocimiento, pero no el tiempo o las habilidades para un proyecto editorial, y otra persona se encarga de escribirlo a partir de información en bruto o de entrevistas.

Y tú, ¿qué necesitas ahora mismo?

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